El asalto tuvo lugar en una vivienda ubicada sobre la populosa avenida 44 entre 171 y 171 bis, en el corazón de Lisandro Olmos. Allí irrumpieron tres sujetos encapuchados utilizando las propias llaves de la propiedad para acceder sin levantar sospechas. La secuencia fue tan silenciosa y rápida que demuestra un nivel de premeditación que hiela la sangre de cualquier ciudadano a merced de la delincuencia.
La reconstrucción del caso determinó que los delincuentes habían orquestado la maniobra varias horas antes de dar el golpe letal. El grupo criminal había sustraído el manojo de llaves del interior de una camioneta estacionada en la vía pública. Semejante descuido de las víctimas les sirvió en bandeja el acceso directo y sin restricciones al interior del domicilio que luego sería brutalmente asaltado.
Al momento de la intempestiva invasión, en la propiedad se encontraba completamente sola una chica de apenas 15 años de edad. La menor fue sorprendida de forma repentina y reducida de inmediato bajo un feroz rosario de amenazas incesantes. Semejante estado de vulnerabilidad facilitó el control absoluto del escenario por parte de los tres cobardes asaltantes que tomaron la casa por asalto.
Para evitar cualquier tipo de pedido de auxilio o llamado a la policía, los malhechores aplicaron un protocolo de vigilancia estricta. Uno de los encapuchados se quedó pegado a ella todo el tiempo y le arrebató momentáneamente su teléfono celular. Con la jovencita neutralizada, paralizada de miedo e incomunicada, los cómplices tuvieron la vía libre asegurada para destrozar y dar vuelta cada habitación.
El brutal calvario a puertas cerradas se extendió por unos interminables y traumáticos 20 minutos de pura violencia psicológica extrema. Los intrusos revolvieron frenéticamente todos los ambientes buscando el dinero físico y cualquier objeto de alto valor comercial. Sabían perfectamente que contaban con el reloj a su favor gracias a la histórica e indignante falta de patrullajes preventivos en toda esa cuadrícula.
Tras concretar el saqueo, la familia de la menor constató el indignante faltante de sus ahorros más preciados y pertenencias de toda la vida. La banda logró llevarse sin ningún tipo de resistencia unos 300 dólares en efectivo, dos cadenas y dos invaluables alianzas de oro. Al botín de los cobardes rateros le sumaron además una billetera repleta de documentación personal sumamente importante y difícil de recuperar.
Una vez que los delincuentes decidieron abandonar la vivienda con los bolsillos rebalsando, la asfixiante tensión empezó a disiparse lentamente. La adolescente logró recuperar su equipo móvil y llamó envuelta en un llanto desesperado a su madre para relatarle el horror. El daño psicológico incuantificable que le marcaron a fuego a esta joven tardará muchísimo más tiempo en sanar que las enormes pérdidas materiales sufridas.
Este repudiable hecho delictivo encendió absolutamente todas las alarmas en el vecindario y dejó una advertencia carísima para el resto de los frentistas. Las autoridades ruegan encarecidamente a los contribuyentes que jamás dejen las llaves de sus domicilios adentro de los vehículos estacionados. Frente a la actual desidia preventiva del Estado, el más mínimo descuido en la calle se paga lamentablemente con larguísimos minutos de puro terror.
Entrada VIP: Los delincuentes no forzaron cerraduras; usaron llaves que habían robado previamente de una camioneta estacionada.
Pesadilla adolescente: Tomaron de rehén a una chica de 15 años, le sacaron el celular y la amenazaron durante 20 minutos interminables.
Botín a la carta: Se llevaron 300 dólares, joyas de oro, billeteras y se esfumaron con total impunidad por las calles de Olmos.
