A más de veinte días del inicio del conflicto, las tímidas respuestas de Camuzzi Gas Pampeana no han hecho más que sembrar dudas, dejando en evidencia un esquema de prioridades que castiga severamente a la región de La Plata, Berisso y Ensenada.
Resulta inadmisible que una empresa distribuidora de la magnitud de Camuzzi haya demorado casi 15 días en reconocer que La Plata era el distrito más afectado de toda la provincia. La supuesta solución —una redistribución de capacidad para habilitar apenas seis estaciones de servicio— llegó más como un intento de control de daños ante el creciente malestar social que como un plan técnico serio.
El anuncio carece de lo más elemental para los usuarios:
Sin horarios precisos: Los conductores llegan a ciegas, lidiando con el "minuto a minuto" de cada surtidor.
Cupos y límites diarios: No se garantiza el abastecimiento normal, sembrando desconfianza.
Incertidumbre temporal: La empresa no precisó cuánto tiempo podrá sostenerse este esquema de emergencia.
El escenario genera profunda indignación porque las restricciones extremas se mantienen focalizadas en la región de La Plata, mientras que en gran parte del resto de la provincia de Buenos Aires el suministro opera sin sobresaltos de esta magnitud.
Lo más preocupante es el panorama a futuro. Esta es la peor crisis de GNC de la historia reciente de la región, no solo por su alarmante duración, sino porque Camuzzi ya aplicó la misma restricción dos veces en la misma temporada (comenzando con un severo corte en el mes de mayo). El temor de los usuarios es total: si el sistema ya colapsó antes de que lleguen las temperaturas más bajas del invierno, ¿qué pasará cuando el frío polar se instale definitivamente?
El argumento corporativo: Camuzzi se escuda en que las estaciones poseen contratos "interrumpibles" para priorizar el consumo residencial y de instituciones esenciales (hospitales y escuelas). Sin embargo, la falta de previsión y la incapacidad para diversificar o reforzar la infraestructura en el cogollo administrativo de la provincia exponen una flagrante falta de inversión y contingencia.
Detrás de la falta de gas hay rostros humanos y economías familiares destruidas. Aunque se dispuso un esquema de prioridad para taxis y remises, la medida resulta profundamente injusta y excluyente para el resto de los trabajadores de la calle:
Conductores de aplicaciones (Uber, Cabify, Didi).
Repartidores y deliverys.
Vendedores ambulantes, técnicos y profesionales independientes.
Todos ellos se ven obligados a perder entre tres y cinco horas en filas de varias cuadras o, directamente, a suspender sus actividades, perdiendo el sustento diario. Para colmo de males, desde el municipio local la respuesta política ha sido esquiva, optando por perseguir a los choferes de aplicaciones en lugar de presionar corporativamente para exigir el fin del conflicto.
Las interminables filas no solo bloquean los accesos a viviendas y comercios —provocando pérdidas económicas a los vecinos—, sino que han liberado una zona de peligro. Las extensas esperas, especialmente durante la madrugada, ya han derivado en múltiples denuncias por robos y arrebatos en las inmediaciones de las bocas de expendio. Las estaciones de servicio se han convertido en embudos de caos vehicular y vulnerabilidad para los ciudadanos.
Camuzzi continúa administrando la escasez con comunicados ambiguos mientras el tejido productivo de La Plata se desgasta. La falta de un plan concreto para normalizar el servicio demuestra que la empresa prefiere cortar el eslabón más débil antes que asumir la responsabilidad de garantizar una infraestructura previsible. Mientras no haya respuestas de fondo, los platenses seguirán rehenes de un esquema que los empuja a la parálisis.
Crisis del GNC en La Plata: el laberinto de Camuzzi que castiga a los trabajadores y paraliza a la región
— La Movida Platense (@movida_platense) July 1, 2026
Video gentileza: Juan Carlos Berón pic.twitter.com/YbRX3rLwTW