Acá en las diagonales de La Plata, donde el frío de julio te cala los huesos mientras caminás por Plaza Moreno, el fútbol se analiza sin anestesia ni romanticismo de café de gacetilla. ¿De verdad nos vamos a seguir abrazando a los recuerdos de hace casi medio siglo mientras el presente nos exige resultados inmediatos? Hoy cumple años Mario Alberto Kempes, el prócer de Bell Ville nacido en Córdoba un día como hoy de 1974. Mientras los portales se inundan de elogios tibios, nosotros preferimos desarmar la farsa de la nostalgia y mirar el tablero político y deportivo con la crudeza del diario de la mañana.
La farsa fundacional del ídolo comenzó en Alta Córdoba, cuando el delantero esquivaba el anonimato bajo un nombre falso. Con apenas 17 años, se presentó en Instituto diciendo ser un tal Carlos Aguilera. ¿Qué clase de sistema de captación de talentos necesita que un pibe mienta para que le den una oportunidad sobre el césped de entrenamiento? Esa avivada criolla, que hoy los nostálgicos festejan en las peñas platenses, expone la desidia histórica de nuestros clubes para descubrir el talento del interior profundo. El dueño de la carpintería donde trabajaba debió meter mano para forzar un destino que los buscatalentos de la época ignoraban soberbiamente.
La historia oficial nos vende un relato edulcorado que oculta la brutal exigencia física y el cinismo de los escritorios de la AFA. Kempes debutó en la Selección Argentina con un gran promedio en el Torneo Internacional de Cannes, pero su verdadero calvario comenzó en Alemania durante 1974. ¿Por qué tardamos cuatro años en entender que la potencia física debía fusionarse con la técnica sudamericana para no ser barridos por Europa? El atacante tuvo que reinventarse para dejar de ser un simple definidor de área y convertirse en un tractor capaz de retroceder hasta la mitad de la cancha.
"No era un nueve clásico ni un volante ofensivo; era ambas cosas al mismo tiempo en una síntesis perfecta."
El Matador rompió el molde tradicional del delantero estático que tanto daño le hizo tácticamente a nuestro fútbol local durante décadas. Su consagración en el Mundial de 1978, con seis goles decisivos frente a Polonia, Perú y los dos gritos en la final ante Países Bajos, no fue milagro, fue pura prepotencia de trabajo. Rosario Central y Valencia disfrutaron de un atleta que, antes de coronarse, debió soportar la indiferencia de una primera fase con el arco completamente cerrado.
Hoy, el estadio mundialista de la provincia cordobesa lleva su nombre, un homenaje de bronce para un hombre que prefiere la comodidad del micrófono. Desde los Estados Unidos, donde trabaja analizando partidos para la cadena ESPN, el exgoleador mira a la Scaloneta con la distancia prudente de quien ya no arriesga las piernas. ¿Es lícito que un prócer compare el presente de Lionel Messi con su propio pasado desde una cabina de transmisión internacional? Su mirada sobre el grupo actual destaca la unión y la generosidad colectiva, virtudes necesarias para sobrevivir a la picadora de carne que significa defender la corona mundial en este caluroso 2026.
"Si esta Selección logra repetir el título, nadie podrá negar que será la mejor selección de todos los tiempos."
El fútbol de hoy, ese que nos desvela en las pantallas de los bodegones de calle 12, ya no tiene espacio para la improvisación de los setenta. Con Julián Álvarez corriendo defensores y un esquema táctico hiperprofesionalizado, el recuerdo de Kempes sirve más como un refugio de época que como un manual aplicable al deporte moderno. Respetamos al Matador, por supuesto, pero en este portal preferimos la crudeza del dato por sobre la lágrima fácil de la efeméride.
Origen humilde: Nació en Bell Ville, se formó en Talleres de su ciudad y debutó profesionalmente en Instituto de Córdoba tras pasar una prueba con el alias falso de Carlos Aguilera.
Estadísticas brutales: Disputó un total de 606 partidos oficiales a nivel de clubes y convirtió 337 goles en equipos de la talla de Rosario Central, River Plate y el Valencia de España.
Héroe del 78: Fue el goleador y máxima figura del primer campeonato mundial obtenido por Argentina en 1978, anotando dos goles clave en la gran final ante Países Bajos.
Voz de autoridad: En la actualidad se desempeña como comentarista deportivo para la señal ESPN en territorio norteamericano, analizando el presente de la Selección Argentina de cara al bicampeonato.