El cine del fútbol nos vuelve a regalar un clásico de esos que paralizan el corazón. La Selección Argentina y Suiza se preparan para filmar un nuevo capítulo de su saga este sábado 11 de julio en Kansas City. El premio para el ganador no es menor: una butaca dorada en las semifinales del Mundial 2026. Los papeles están asignados y la historia juega a favor de la Albiceleste, que ostenta un récord invicto de ocho partidos frente a los europeos, con cinco victorias y tres empates.
La primera función de este clásico de culto se proyectó en el Mundial de Inglaterra 1966. En el mítico Hillsborough Stadium de Sheffield, el elenco comandado por Juan Carlos Lorenzo pisó fuerte en la fase de grupos y selló un 2-0 definitivo gracias a las apariciones goleadoras de Luis Artime y Ermindo Onega. Desde ese instante, los suizos supieron que enfrentar la camiseta argentina era sinónimo de sufrir en la cancha.
El tiempo pasó y el show se mudó a tierras nacionales en 1980. La provincia de Córdoba fue testigo de una función de gala: un aplastante 5-0 en un amistoso que quedó grabado a fuego en las retinas populares por un golazo de Diego Maradona, secundado en el marcador por el talento de Ramón Díaz, Leopoldo Luque y Daniel Passarella. Cuatro años más tarde, en 1984, el director técnico Carlos Bilardo —un prócer absoluto de nuestra ciudad de La Plata— se llevó su propia victoria por 2-0 en la mismísima ciudad de Berna, con gritos de José Ponce y Oscar Dertycia.
No todo fue un camino de rosas; la trama también tuvo sus momentos de paridad absoluta. En mayo de 1990, a semanas del inicio del Mundial de Italia, el marcador clavó un 1-1 con gol de Abel Balbo. El mismo resultado, un 1-1 idéntico, se repitió en 2007 cuando el equipo de Alfio Basile encontró el festejo en los pies de Carlos Tevez.
Sin embargo, el destino cinematográfico guardaba los mejores efectos especiales para la era moderna. El 29 de febrero de 2012, otra vez en Berna, fuimos testigos de una obra de arte contemporánea: Argentina ganó 3-1 con un triplete memorable de Lionel Messi, la gran estrella de la noche dirigida por el eterno e inolvidable Alejandro Sabella —otro nombre que cala hondo en el alma platense—. Aquella vez, el descuento de Xherdan Shaqiri solo sirvió para decorar el show del mejor del mundo.
El último gran antecedente oficial fue un auténtico thriller de suspenso en los octavos de final del Mundial de Brasil 2014. El reloj se ahogaba en el tiempo suplementario, los penales asomaban en el horizonte y el sufrimiento era total, hasta que Messi frotó la lámpara y asistió a Ángel Di María para firmar un agónico 1-0 que desató la locura colectiva. Este sábado 11 de julio, la pantalla gigante del fútbol mundial vuelve a encenderse en Estados Unidos. ¿Habrá una nueva genialidad o nos espera un final inesperado?