La Municipalidad de La Plata relanzó con bombos y platillos el plan para erradicar la chatarra que decora las esquinas de los barrios. A través del PROMUCO, la gestión de Julio Alak busca maquillar la desidia histórica en las delegaciones. En teoría, el objetivo suena impecable para el palacio de calle 12: ordenar veredas y eliminar focos de contaminación.
Los camiones municipales anduvieron patrullando las calles de Los Hornos, Villa Elvira, Hernández, City Bell y el histórico casco urbano bonaerense. Los números oficiales cantan que ya removieron 2.346 vehículos de la vía pública en lo que va de esta movida. Para el vecino de a pie, ver que se llevan un coche quemado de la rambla es un alivio, pero el ritmo es lento frente al parque automotor arrumbado.
El protocolo para el acarreo arranca con una oblea pegada en el parabrisas mugriento del auto apuntado. Los propietarios tienen un plazo de diez días hábiles para regularizar la situación antes de que la grúa actúe. ¿Alguien aparece a reclamar esas carcasas oxidadas? Casi nunca, la mayoría prefiere dejarle el clavo a la comuna.
Si nadie mueve el rodado, la unidad ingresa a un galpón estatal por un lapso de seis meses. Tras cumplirse ese tiempo de guarda, las estructuras terminan destruidas bajo la prensa hidráulica. El destino final de esa chatarra es la fundición, un proceso que genera recursos económicos marginales.