El intendente platense sabe que una plaza limpia suma votos, pero el maquillaje no tapa las grietas del abandono estructural. A través de la iniciativa “Ciudad Limpia”, la Municipalidad de La Plata continúa desarrollando trabajos de mantenimiento y puesta en valor del espacio público en distintas zonas. Sin embargo, el vecino de a pie percibe que las cuadrillas comunales se concentran en las zonas más visibles de las diagonales, dejando las barriadas profundas a la buena de Dios. Los operativos de limpieza y pintura parecen más una campaña de marketing que una solución definitiva al problema de la infraestructura local.
En las últimas jornadas, el personal oficial intervino 732 domicilios particulares con tareas de lavado de frentes, paredes y persianas comerciales. Las críticas en los pasillos del Palacio Municipal de calle 12 no tardaron en llegar, tildando estas acciones como puro asistencialismo estético para la foto de las redes sociales. La periferia de la ciudad sigue reclamando servicios esenciales mientras el centro se beneficia con hidrolavados de veredas. Mientras tanto, el presupuesto se escurre entre rodillos y agua a presión.
La remoción de cartelería ilegal en los postes de la calle 62, entre 131 y 135, desnudó la falta de control crónico que padece el partido bonaerense. Aunque se repararon señales dañadas y se colocaron nuevos indicadores, los frentistas de Los Hornos aseguran que los inspectores solo aparecen cuando el escándalo mediático es insostenible. El desorden normativo en la vía pública platense es una constante que las cuadrillas apenas logran disimular. La falta de planificación es el verdadero enemigo del espacio compartido.
La intervención en el skate park de la avenida 32, entre 25 y 26, es el claro ejemplo de la política de corto plazo de la comuna. El predio, vandalizado sistemáticamente por la falta de seguridad y luminarias, recibió una lavada de cara que durará lo que tarde en secarse la pintura si no se toman medidas de fondo. Pintar sobre el vandalismo sin garantizar vigilancia es tirar la plata de los contribuyentes al tacho. El vandalismo no se combate con pinceles, se frena con control urbano real.
Por otra parte, la demarcación de sendas peatonales en la neurálgica esquina de 495 y 14, así como en el cruce de 17, generó malestar por las demoras vehiculares ocasionadas. En la localidad de Gonnet, los automovilistas protestan diariamente por el estado desastroso de las calles internas, que contrastan con las perfectas líneas blancas recién pintadas en los accesos principales. Las esquinas de la zona norte muestran una realidad ficticia frente al colapso de las arterias secundarias. Los baches siguen siendo los verdaderos dueños del asfalto.
El informe de la secretaría operativa detalló el lavado de 97 patrulleros y vehículos de la flota comunal, una tarea que debería ser rutinaria y no una bandera de gestión. Además, se restauraron ocho cabinas de electricidad y se procedió al retiro de rodados abandonados y quemados que copaban las calles periféricas. La limpieza de los móviles policiales se presenta como un gran logro cuando debería ser una obligación diaria de mantenimiento. El vecino exige seguridad en los barrios, no autos limpios estacionados.
Desde el inicio de la gestión del programa en agosto de 2024, la intendencia registró un total de 32.430 intervenciones en el tejido urbano. Esta cifra es exhibida con orgullo por el oficialismo, pero los bloques opositores en el Concejo Deliberante ya preparan pedidos de informes sobre el costo real de cada pintura de frente. Las estadísticas municipales intentan consolidar una política sostenida que en la práctica resulta sumamente desigual. El casco urbano sonríe para la foto; los barrios siguen esperando las cloacas y las luces LED.