El lunes arrancó con una noticia que nadie quería escuchar, pero que todos sentían venir. Viajar en micro en La Plata, Berisso y Ensenada ya es más caro tras la entrada en vigencia de un nuevo cuadro tarifario que elevó el boleto mínimo por encima de la simbólica y dolorosa cifra de los $1.000. Este mes, la suba no es una más del montón: es extraordinaria y sacude con fuerza el presupuesto de quienes dependen del transporte público para trabajar o estudiar.
El incremento, definido por el Ministerio de Transporte bonaerense, estableció un piso del 11% para la primera sección. Sin embargo, la escala es ascendente y castiga más a quienes más viajan: en los recorridos más largos, el aumento llega hasta el 23%. De esta manera, el boleto más barato saltó de $948,91 a $1.054,85, rompiendo un techo histórico en el sistema de transporte de la región.
Pero el ajuste no se quedó solo en el mínimo. Las otras secciones registraron subas pronunciadas y cambios estructurales, destacándose la unificación de la tercera y cuarta sección, un movimiento que simplifica el cuadro pero no el costo para el pasajero.
El ajuste llega en un contexto crítico. El sistema está en jaque por la suba de los costos operativos —con el combustible a la cabeza—, la reducción de subsidios y una notable caída en la cantidad de pasajeros. En los pasillos del sector empresario son tajantes: "La medida responde principalmente al fuerte aumento del combustible en los primeros meses del año, además de otros costos como salarios y mantenimiento, que presionan sobre la rentabilidad".
Técnicamente, el golpe pudo ser peor. Se supo que el incremento analizado rondaba el 20% para todos los tramos, pero la decisión oficial fue moderar el impacto. Aun así, la suba actual de mayo de 2026 (según el contexto actual) desborda la fórmula de actualización mensual vigente. Mientras que el IPC del Gran Buenos Aires marcó un 3,4%, se le sumó un 2% adicional y un 5,6% extraordinario para llegar al 11% final de base.