Murió una mujer tras un choque en pleno centro de Ensenada: ya son 44 las víctimas viales de 2026

En esta nota te contamos la historia de Erica Laura Garro, una mujer de 46 años que permaneció internada durante varios días después de sufrir gravísimas lesiones en un siniestro vial ocurrido en Horacio Cestino e Independencia. La motociclista finalmente murió en el Hospital Cestino y la causa pasó de “lesiones culposas” a “homicidio culposo”. Su fallecimiento profundiza una estadística alarmante: los relevamientos periodísticos ya contabilizan 44 muertos en las calles y rutas de La Plata, Berisso y Ensenada durante 2026.

11-09-2026 - Por La Movida Platense

La seguidilla de muertes por siniestros viales que golpea a La Plata, Berisso y Ensenada sumó una nueva víctima y esta vez la tragedia tuvo como escenario el centro ensenadense. Erica Laura Garro tenía 46 años y murió después de permanecer internada con gravísimas lesiones. Había protagonizado un siniestro cuando circulaba en moto y terminó involucrada en un impacto con un camión.

El hecho que finalmente le costaría la vida había ocurrido el sábado 29 de agosto, alrededor de las 17.30, en la intersección de Horacio Cestino e Independencia, en pleno centro de Ensenada. Garro circulaba en una motocicleta cuando, por circunstancias que son materia de investigación, se produjo el siniestro con el vehículo de gran porte. La violencia del impacto le provocó lesiones de extrema gravedad.

La motociclista fue asistida y trasladada de urgencia al Hospital Horacio Cestino, donde los médicos intentaron estabilizarla y permaneció internada durante los días posteriores. Erica luchó varios días, pero la gravedad de las heridas terminó resultando irreversible. Su fallecimiento se produjo el 4 de septiembre, aunque la información trascendió públicamente recién en las últimas horas.

Cuando se iniciaron las actuaciones judiciales, Garro todavía permanecía con vida y la investigación fue abierta bajo una calificación vinculada con las lesiones sufridas. La muerte de la mujer modificó completamente la situación judicial del expediente. La causa fue entonces recaratulada como “homicidio culposo”.

Dentro del expediente quedó imputado el conductor del camión involucrado en el siniestro, un hombre de 79 años. La imputación no supone una declaración de culpabilidad y será la investigación la que deberá establecer las responsabilidades. Las circunstancias precisas que desencadenaron el impacto forman parte de las cuestiones que deberá determinar la Justicia.

Las actuaciones y pericias resultarán fundamentales para reconstruir las posiciones, movimientos y velocidades de los vehículos antes del choque. En un homicidio culposo, determinar cómo ocurrió el siniestro es la llave para establecer una eventual responsabilidad penal. Hasta entonces, el camionero debe ser considerado inocente mientras avance el proceso judicial.

El siniestro ocurrió en una intersección ubicada dentro del entramado urbano de Ensenada y sobre uno de sus corredores más conocidos. Horacio Cestino e Independencia se transformó aquella tarde en el escenario de un episodio que terminaría siendo fatal. Lo que inicialmente era investigado como un choque con una persona gravemente herida terminó convirtiéndose días después en una muerte vial.

La noticia del fallecimiento demoró varios días en tomar estado público, circunstancia que también modifica retrospectivamente las estadísticas regionales. Garro murió el 4 de septiembre, pero su caso recién ahora se incorpora públicamente al registro de víctimas de 2026. Esa particularidad obliga a revisar permanentemente los conteos sobre siniestralidad.

Con la incorporación del fallecimiento de Garro, los relevamientos periodísticos elevan a 44 las víctimas fatales registradas durante 2026 en La Plata, Berisso y Ensenada. Son 44 personas que salieron a una calle o una ruta de la Región y nunca regresaron. La cifra adquiere una dimensión todavía mayor cuando se observa la velocidad con la que aumentó durante los últimos meses.

A comienzos de septiembre, un relevamiento difundido sobre la problemática contabilizaba 42 víctimas fatales en los tres distritos y advertía sobre la aceleración del fenómeno. De esas 42 muertes, 19 se habían producido solamente durante junio, julio y agosto. Julio, con once fallecidos, había sido señalado además como el peor mes de los últimos tres años.

Los registros deben ser interpretados con una aclaración metodológica importante: se trata de relevamientos de casos conocidos y no de una estadística oficial anual consolidada. Las diferencias entre algunos conteos responden a fechas de corte y metodologías diferentes. Sin embargo, las distintas mediciones coinciden en una tendencia: la cantidad de muertos en las calles y rutas regionales continúa creciendo.

El comienzo de septiembre profundizó todavía más esa tendencia y transformó la estadística en una sucesión particularmente dramática. Garro representa la cuarta víctima fatal contabilizada durante el mes y la cuarta registrada en un período de apenas 96 horas. La secuencia equivale, en términos estrictamente temporales, a una muerte por día.

No significa que los cuatro siniestros hayan ocurrido necesariamente dentro de esas mismas 96 horas, porque algunas víctimas fallecieron después de permanecer internadas. Pero la concentración de cuatro fallecimientos conocidos en cuatro días expone crudamente la dimensión del problema. Cada nueva muerte vuelve a modificar un contador que ya alcanzó niveles preocupantes.

La muerte de Garro también vuelve a colocar a los motociclistas dentro del sector más castigado por la siniestralidad regional. De las 42 víctimas contabilizadas en uno de los últimos relevamientos disponibles, 24 circulaban en moto. Eso significa que más de la mitad de los fallecidos utilizaban este tipo de vehículo.

A esos casos se sumaban nueve personas que viajaban en automóviles, cinco peatones y cuatro ciclistas, según aquel registro. Motociclistas, ciclistas y peatones concentran buena parte de la vulnerabilidad cuando se produce un impacto. La diferencia física frente a automóviles, camionetas o camiones convierte cualquier error o maniobra peligrosa en potencialmente fatal.

El caso de Erica vuelve a exponer precisamente esa asimetría entre los vehículos involucrados en determinados siniestros. De un lado había una motocicleta y del otro un camión conducido por un hombre de 79 años. Será la investigación, y no esa diferencia de tamaño, la que determine cómo se produjo el impacto y si existieron responsabilidades.

La dimensión del problema aparece todavía con mayor claridad cuando se amplía la ventana temporal y se observa la última década. Un relevamiento del Observatorio de Datos Estratégicos contabilizó 717 víctimas fatales entre enero de 2016 y julio de 2026. El estudio comprende los distritos de La Plata, Berisso y Ensenada.

La distribución territorial también muestra diferencias importantes: 617 de aquellas 717 víctimas correspondieron a La Plata, 61 a Berisso y 39 a Ensenada. Detrás de las estadísticas existen más de setecientas historias familiares atravesadas por una muerte vial en apenas diez años. Y el contador siguió aumentando después de la fecha de cierre de aquel relevamiento.

El mismo estudio volvió a señalar una característica que se repite sistemáticamente en los registros regionales: el peso de las motos. Más de la mitad de las personas fallecidas durante aquella década eran motociclistas. La muerte de Erica Laura Garro se incorpora ahora a esa dolorosa tendencia.

Durante décadas se utilizó casi automáticamente la palabra “accidente” para describir cualquier muerte ocurrida en el tránsito. Pero cada vez más especialistas prefieren hablar de “siniestros viales” porque muchos de esos episodios contienen factores prevenibles. Velocidad, alcohol, infraestructura, distracciones, condiciones de los vehículos y conductas humanas pueden intervenir de distintas maneras.

Eso no significa atribuir automáticamente responsabilidad a ninguno de los protagonistas de un caso concreto como el ocurrido en Ensenada. La responsabilidad individual por la muerte de Garro deberá surgir exclusivamente de la investigación judicial. La problemática colectiva, en cambio, puede analizarse mediante estadísticas que muestran una persistencia difícil de considerar excepcional.

Las cifras permiten medir el fenómeno, comparar años y detectar tendencias, pero tienen también el riesgo de transformar personas en números. La víctima número 44 tenía nombre: Erica Laura Garro, tenía 46 años y estuvo varios días peleando por su vida. Su muerte no ocurrió instantáneamente en aquella esquina de Ensenada, sino después de una internación marcada por la gravedad de sus heridas.

El 29 de agosto ocurrió el siniestro, el 4 de septiembre Erica murió y varios días después su fallecimiento finalmente tomó estado público. Mientras tanto, otras muertes siguieron engrosando una estadística regional que parece no encontrar un freno. Cuatro víctimas fueron contabilizadas en apenas 96 horas.

Ahora la Justicia deberá determinar qué ocurrió exactamente aquella tarde en Horacio Cestino e Independencia y establecer si existió responsabilidad penal. Para Erica ya no existe ninguna posibilidad de volver atrás. Para la Región queda nuevamente una pregunta mucho más difícil: cuántas muertes más serán necesarias antes de conseguir reducir una tragedia que se repite en las calles casi todas las semanas.