La tensión entre el sector empresario del transporte y las carteras de transporte —tanto nacional como provincial— ha escalado hasta un punto de no retorno. A partir de este miércoles 1 de abril de 2026, el paisaje urbano del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) se verá alterado por una medida de fuerza que, aunque silenciosa para los motores, será ensordecedora para los pasajeros: una reducción sistemática de frecuencias en las líneas de colectivos.
La decisión, comunicada de manera conjunta por las cámaras más potentes del sector (CEAP, CETUBA, CTPBA y CEUTUPBA), no es un hecho aislado, sino el corolario de un desfasaje económico que las empresas califican de "insostenible". El factor desencadenante ha sido el aumento "intempestivo" del precio del gasoil, insumo básico que, ante la falta de una actualización en la estructura de costos y subsidios, ha devorado los márgenes operativos de las compañías.
En el corazón de este conflicto aparece el Grupo DOTA, el gigante del transporte que controla aproximadamente el 35% del caudal de pasajeros diarios en la región. Su peso específico en la negociación es total; cuando DOTA estornuda, el AMBA se resfría. La firma, que históricamente ha mantenido una relación pendular con el poder político de turno, lidera este reclamo que impacta de lleno en las líneas nacionales y provinciales.