El calendario de enero ha traído consigo una nueva y contundente escalada en el costo de vida para los residentes del Gran La Plata: a partir del día 2, la tarifa del transporte público de pasajeros se encareció un 4,5%. Esta suba, confirmada por el Gobierno bonaerense, no es un hecho aislado, sino que se enmarca en un esquema de actualización automática mensual que busca sostener el funcionamiento del sector.
El punto de inflexión que marca esta última corrección tarifaria es que, por primera vez, el valor del tramo de mayor recorrido —aquel que excede los 27 kilómetros de extensión— sobrepasó la marca simbólica de los mil pesos. El precio, que anteriormente se situaba en $957,27, ascendió a $1.000,82 para los usuarios que cuentan con la tarjeta SUBE registrada. La diferencia es abismal para quienes aún no han completado el trámite de personalización, ya que el mismo pasaje puede alcanzar la cifra de $1.591,31, lo que recalca la urgencia del registro.
La justificación técnica de este reajuste radica en la Resolución N° 81/25. Esta normativa establece una fórmula combinada: se considera la variación mensual del Índice de Precios al Consumidor (IPC) del Gran Buenos Aires —que en esta ocasión se determinó en un 2,5%— y se le añade un componente fijo del 2%. El resultado de esta ecuación es, precisamente, el incremento del 4,5% aplicado a los boletos que unen los tres distritos: La Plata, Berisso y Ensenada.
En el escalafón inferior de la tabla de precios, el boleto mínimo (para distancias de 0 a 3 km) también experimentó un salto, pasando de $717,09 a $749,72. Las tarifas para los tramos intermedios, utilizando la SUBE nominal, quedaron de la siguiente manera: 3 a 6 km: $818,45; 6 a 12 km: $885,64; y 12 a 27 km: $948,46.
Cabe destacar que incluso los valores correspondientes a la Tarifa Social, mecanismo de ayuda destinado a jubilados, pensionados y beneficiarios de planes, se corrigieron porcentualmente, quedando el mínimo en $337,37 y el máximo en $450,37.
Este nuevo golpe al bolsillo se da en un contexto económico complejo, donde la capacidad adquisitiva de miles de platenses, berissenses y ensenadenses se ve constantemente erosionada por la inflación. En una región con una alta dependencia del colectivo para acceder a sus lugares de trabajo y estudio, cada nueva actualización del boleto se convierte en una variable crítica en la economía diaria.