La incorporación de la telemedicina al sistema sanitario abrió un debate que empieza a cobrar fuerza en La Plata.
El Distrito I del Colegio de Médicos de la Provincia de Buenos Aires salió públicamente a fijar posición frente al crecimiento de las videoconsultas y advirtió que las nuevas herramientas tecnológicas pueden resultar útiles, pero no deben convertirse en un reemplazo de la consulta médica presencial.
La discusión no es abstracta. Se produce mientras IOMA desarrolla modalidades de atención a distancia y la Municipalidad de La Plata avanza con la incorporación de estaciones de videoconsulta en sus Centros de Atención Primaria de la Salud (CAPS).
Y es precisamente frente a ese escenario que los médicos decidieron marcar una frontera.
“La consulta presencial es irremplazable”, sostuvo la entidad profesional en su comunicado.
La Plata proyecta 12 estaciones de telemedicina
El planteo adquiere especial relevancia por el proyecto que impulsa la Municipalidad.
La iniciativa contempla 12 estaciones digitales o “tótems” de telemedicina que serán instalados en CAPS seleccionados por la Secretaría de Salud comunal. El servicio proyectado tendrá disponibilidad las 24 horas, los siete días de la semana, y la contratación prevista tendrá una duración de 15 meses.
Las prestaciones contemplan clínica médica y pediatría, además de herramientas de triage. La contratación municipal también incorpora un módulo complementario vinculado con atención psicológica.
El objetivo es ampliar las posibilidades de acceso al sistema sanitario, particularmente fuera de los horarios habituales de funcionamiento de los centros de salud.
Y sobre ese punto el Colegio no plantea un rechazo.
Por el contrario, la institución considera positivo incorporar mecanismos que permitan acercar la atención a los barrios cuyos habitantes tienen mayores dificultades para llegar a hospitales y otros efectores sanitarios.
La discusión pasa por otra cuestión: qué puede resolverse a través de una pantalla y qué necesita necesariamente de un médico frente al paciente.
Lo que una cámara no puede hacer
El Colegio puso el foco sobre algunos de los componentes elemental de cualquier consulta médica.
El diagnóstico no surge exclusivamente de una conversación entre médico y paciente.
Hay interrogatorio, examen físico, observación directa y contacto personal, elementos que la institución considera esenciales para alcanzar un diagnóstico adecuado y definir posteriormente un tratamiento.
Una videoconsulta puede permitir que el profesional vea y escuche al paciente.
Pero existen procedimientos clínicos que, sencillamente, no pueden realizarse a distancia.
Por eso la institución acepta la utilidad de la telemedicina para determinadas situaciones: orientación inicial, algunos controles o una primera evaluación cuando las circunstancias lo permitan.
Lo que cuestiona es que esa herramienta pueda ser presentada como equivalente a una consulta médica integral.
¿Cuándo sirve entonces una videoconsulta?
Ahí aparece probablemente el punto más interesante del planteo.
El Colegio no propone eliminar la telemedicina sino establecer protocolos claros para utilizarla correctamente.
Es decir: determinar qué cuadros pueden abordarse de manera remota y cuáles obligan a derivar inmediatamente al paciente hacia una evaluación presencial.
Ese criterio resulta particularmente relevante cuando se trata de servicios de demanda espontánea.
Una consulta de seguimiento sobre determinadas patologías conocidas no necesariamente plantea los mismos riesgos que un paciente que consulta por primera vez por un dolor, fiebre persistente u otros síntomas cuya causa todavía no fue establecida.
La decisión sobre cuándo alcanza la videoconsulta, sostiene el Colegio, debe responder a criterios médicos y sanitarios, y no solamente a la disponibilidad tecnológica.
La advertencia más seria: los errores de diagnóstico
El comunicado introduce además una advertencia que lleva la discusión mucho más allá de la comodidad de hablar con un médico mediante una pantalla.
Está en juego la seguridad del paciente.
El Distrito I sostiene que una evaluación clínica incompleta puede derivar en errores diagnósticos o terapéuticos y que, dependiendo de las circunstancias, sus consecuencias pueden ser graves.
La entidad reclama por eso que cualquier proceso de modernización sanitaria mantenga la seguridad como prioridad.
No alcanza con que la tecnología permita conectar un paciente con un profesional.
La pregunta es si, frente a determinado cuadro, esa conexión brinda al médico la información clínica suficiente para tomar una decisión segura.
Ni demonizar la tecnología ni reemplazar médicos por pantallas
La discusión planteada por el Colegio tiene una particularidad: evita presentar la telemedicina como un enemigo.
Puede facilitar controles, ampliar horarios, reducir distancias y ofrecer una primera puerta de entrada al sistema sanitario.
En determinados barrios, incluso, puede significar que una persona consiga rápidamente una orientación profesional que de otra manera demoraría mucho más.
Pero el límite que plantean los médicos es igualmente claro: modernizar la atención no puede significar degradar el acto médico.
“La incorporación de tecnología debe estar al servicio de la atención médica y no reemplazarla”, sintetizó la institución.
El desafío que ahora tiene La Plata
La advertencia llega en un momento clave porque el sistema municipal todavía está avanzando en la implementación de las nuevas estaciones.
Eso abre la posibilidad de establecer desde el comienzo protocolos de derivación, criterios clínicos y mecanismos que determinen cuándo debe terminar la atención virtual y comenzar inmediatamente la presencial.
La telemedicina puede convertirse en una herramienta poderosa para ampliar el acceso.
Pero también existe el riesgo de que, utilizada únicamente como una forma de multiplicar consultas a distancia, termine transformándose en una medicina más accesible pero clínicamente insuficiente para determinados pacientes.
Y allí aparece la cuestión de fondo que planteó el Colegio de Médicos.
El debate no debería reducirse a estar a favor o en contra de la tecnología.
La verdadera pregunta es otra: hasta dónde puede llegar una videoconsulta sin poner en riesgo la calidad de la atención.
Para los médicos platenses, esa frontera es inequívoca: cuando el cuadro necesita examen físico y evaluación directa, ninguna pantalla puede reemplazar al profesional junto al paciente.