A poco más de un año de las elecciones de 2027, una nueva encuesta realizada en La Plata por DC Consultores, dirigido por Aníbal Urios, dibuja un escenario bastante más complejo de lo que podrían sugerir las discusiones entre oficialismo y oposición. Porque si las elecciones municipales fueran hoy, el primer lugar no sería para el peronismo ni para La Libertad Avanza y el PRO. Sería para quienes todavía no eligieron a ninguno.
El estudio fue realizado entre el 31 de agosto y el 4 de septiembre de 2026 sobre 1.060 casos y midió intención electoral, posicionamiento de dirigentes y demandas ciudadanas.
El resultado central deja tres números: 34,9% de indecisos; 29,7% para LLA-PRO; 23,4% para el peronismo.
La primera conclusión es evidente. El espacio opositor aventaja al oficialismo por 6,3 puntos, pero los indecisos están 5,2 puntos por encima de LLA-PRO. Por ahora, entonces, nadie puede declararse dueño de La Plata.
El estudio contiene una paradoja política interesante. El oficialismo muestra desgaste. Pero ese deterioro no está siendo capitalizado plenamente por la oposición. Eso explica por qué el 34,9% que no sabe qué votar resulta mucho más importante que cualquier diferencia circunstancial entre las fuerzas políticas. Son más de uno de cada tres consultados y pueden decidir la próxima elección.
El escenario podría ser especialmente incómodo para el peronismo si esos votantes se inclinaran mayoritariamente hacia una opción opositora. Pero también podría convertirse en una oportunidad para el oficialismo si consigue mejorar la percepción de gestión en los asuntos que los vecinos consideran prioritarios. Hoy ninguna de las dos cosas está garantizada.
Existe, sin embargo, una diferencia entre la valoración del espacio político y la situación personal del intendente. Julio Alak aparece como el dirigente con mayor porcentaje de “sintonía” con los platenses: 30,5%.
Es un dato relevante. El intendente conserva un capital político personal superior al que refleja el peronismo como marca electoral. Eso significa que una eventual candidatura de Alak —si finalmente buscara su sexto mandato alternado en 2027— partiría de una situación diferente a la del PJ considerado únicamente como estructura partidaria.
Pero tampoco el 30,5% constituye una posición inexpugnable. Es liderazgo. No hegemonía. Y falta más de un año para votar.
Debajo de la discusión electoral aparece un dato probablemente más importante para comprender el humor de los platenses. La seguridad se consolidó como la principal preocupación ciudadana.
No es un fenómeno nuevo. Una medición anterior de la misma consultora, realizada entre el 5 y el 8 de agosto sobre 913 casos, ya había encontrado que la inseguridad superaba el 52% de las menciones, muy por encima de la situación económica, cercana al 20%, y del estado del espacio público, alrededor del 10%.
Había otro resultado particularmente fuerte: para el 40% de los consultados, sentirse seguro en La Plata era algo que asociaban con una ciudad de hace más de veinte años.
La persistencia de la seguridad como demanda prioritaria muestra que no se trata de una preocupación circunstancial provocada por un único hecho policial. Se convirtió en un problema político.
La seguridad pública depende institucionalmente de la Provincia de Buenos Aires y de la Policía Bonaerense, pero cualquier intendente sabe que para el vecino esas fronteras administrativas tienen una importancia limitada. Cuando alguien sufre un robo en Gonnet, Los Hornos, Villa Elvira o el centro no comienza preguntándose qué nivel del Estado tiene la competencia constitucional. Pregunta quién va a resolverlo.
Y eso obliga a la administración municipal a responder con las herramientas que sí tiene a disposición: prevención urbana, cámaras, iluminación, control del espacio público, patrullaje municipal cuando corresponda, Centro de Operaciones y Monitoreo, coordinación con la Policía Bonaerense y políticas de prevención.
Por eso el dato representa una advertencia para Alak. Puede discutir las responsabilidades institucionales. Pero políticamente no puede desentenderse de la principal preocupación de los vecinos.
La misma serie de estudios de DC Consultores había revelado pocos días atrás otro resultado incómodo para el oficialismo platense. El 44,7% sostuvo que el peronismo local “hace tiempo que no ofrece nada distinto”, mientras otro 34,2% lo asoció con mantener el status quo.
Solamente el 10,8% destacó positivamente su red social y contacto con los vecinos, y otro 10,3% su llegada territorial a los barrios y sectores vulnerables.
El dato merece atención porque Alak no solamente es intendente. También conduce el PJ de La Plata. Por lo tanto, existe una diferencia bastante nítida entre su capital político individual y el desgaste que muestra la fuerza que encabeza.
La oposición tiene su propio problema. La alianza entre La Libertad Avanza y el PRO aparece primera entre las fuerzas definidas, con 29,7%, contra 23,4% del peronismo.
Pero todavía no existe un candidato local capaz de apropiarse inequívocamente de ese porcentaje. Ése es probablemente el dato que comenzará a agitar la interna opositora. Porque una cosa es tener una marca competitiva. Otra muy diferente es encontrar a la persona capaz de transformar esa marca en votos municipales.
El relevamiento no preguntó directamente quién debería encabezar una eventual boleta LLA-PRO. La aproximación disponible surge de la pregunta sobre qué dirigentes están “en sintonía” con los vecinos. Por eso sería apresurado convertir ese indicador en una interna electoral que la encuesta técnicamente no midió.
La magnitud del electorado todavía sin definición modifica cualquier proyección. Si aproximadamente uno de cada tres votantes permanece indeciso, las diferencias actuales entre los espacios tienen un valor limitado.
La próxima elección municipal podría decidirse precisamente allí. Entre personas sin identificación partidaria fuerte, vecinos insatisfechos, electores que pueden cambiar su voto y ciudadanos que posiblemente evalúen la gestión mucho más por cuestiones concretas —seguridad, calles, servicios, transporte, limpieza— que por las grandes disputas ideológicas nacionales.
En ese terreno, la campaña de 2027 podría ser bastante diferente de las anteriores.
Cuando DC Consultores preguntó si los platenses votarían a una persona sin trayectoria política previa pero con una propuesta concreta, el resultado fue contundente. El 51,7% respondió que lo haría “sin dudarlo”.
Más de la mitad. La explicación elegida por esos encuestados también contiene un mensaje: estar “cansados de los mismos de siempre”.
Este dato debería preocupar por igual al PJ, a los libertarios, al PRO, al radicalismo y al resto de las estructuras tradicionales. Porque no describe simplemente una intención de voto. Describe una crisis de representación.
Durante décadas, para disputar seriamente la intendencia de La Plata había que atravesar alguna estructura política reconocible. PJ. UCR. Después Juntos por el Cambio. Más recientemente, La Libertad Avanza.
La encuesta sugiere que existe hoy un terreno considerable para alguien que pueda presentarse por fuera de ese recorrido tradicional.
Eso no significa que cualquier empresario, profesional, deportista o personalidad conocida tenga automáticamente 51,7% de los votos. Sería una lectura equivocada. Lo que significa es que más de la mitad de los consultados no considera indispensable una carrera política previa para elegir a su próximo intendente.
Es muy diferente. Y políticamente mucho más interesante.
Los números permiten observar dos fotografías simultáneas.
En la primera aparece la política tradicional: LLA-PRO 29,7%; peronismo 23,4%; Alak como dirigente individual mejor ubicado.
En la segunda aparece una sociedad mucho menos ordenada: 34,9% no sabe todavía qué fuerza votar; 51,7% aceptaría un outsider; y la seguridad domina las preocupaciones.
La segunda fotografía probablemente sea más importante que la primera. Porque muestra hacia dónde puede moverse la primera.
La lectura conjunta de los relevamientos de agosto y septiembre permite detectar un patrón. Cuando se pregunta por partidos, aparece el desencanto. Cuando se pregunta por dirigentes, ninguno arrasa. Cuando se pregunta por un outsider, aparece una apertura enorme. Y cuando se pregunta por problemas concretos, la inseguridad queda arriba de todo.
Eso configura un electorado potencialmente pragmático. No necesariamente despolitizado. Pero sí mucho menos dispuesto a entregar un cheque en blanco por identidad partidaria.
Para el intendente existe una buena y una mala noticia.
La buena: sigue siendo el dirigente local con mayor nivel de sintonía individual, con 30,5%.
La mala: después de casi tres años de gestión al momento de las elecciones de 2027, ya no alcanzará con compararse con la administración anterior.
El electorado evaluará su propio gobierno. Calles. Seguridad. Limpieza. Tránsito. Obras. Servicios. Espacio público. Y especialmente aquello que hoy aparece encabezando las preocupaciones: la inseguridad.
LLA-PRO podría mirar el 29,7% y encontrar allí un motivo de optimismo. Tiene 6,3 puntos de ventaja sobre el peronismo. Pero sería una celebración prematura.
Porque existe un bloque electoral más grande que ambos: los indecisos. Y porque la alianza todavía debe resolver quién encabezará su oferta municipal.
Además, el contexto nacional puede ayudar o perjudicar profundamente a una boleta libertaria en una elección que todavía está muy lejos. La política argentina de 2026 ofrece suficientes ejemplos de lo rápido que puede cambiar el humor social.
Ésa es probablemente la gran conclusión del estudio.
La pregunta inmediata ante cualquier encuesta electoral suele ser: ¿quién gana?
En este caso, quizá sea la pregunta equivocada. Porque faltando más de un año para la elección, con 34,9% de indecisos, ningún resultado permite anticipar seriamente un ganador.
Lo importante es otra cosa. La Plata muestra señales de fatiga con sus estructuras políticas, una enorme predisposición a considerar alternativas nuevas y una demanda concreta que atraviesa prácticamente todo el escenario: seguridad.
Alak conserva centralidad. El peronismo conserva estructura territorial. LLA-PRO aparece como la fuerza opositora mejor posicionada.
Pero ninguno controla el tablero.
Porque más de un tercio todavía no eligió. Porque más de la mitad está dispuesto a mirar fuera de la política tradicional. Y porque la preocupación que domina a los vecinos no se resuelve con una interna, una alianza ni una fotografía de campaña.
Se resuelve en la calle.
Ahí probablemente esté la clave de la elección platense de 2027.
La encuesta não muestra solamente quién está arriba y quién está abajo. Muestra algo bastante más incómodo para todos: una ciudad que todavía no encontró a quién confiarle su próximo voto.