Julio Alak, a 35 años de su llegada al poder en La Plata: para volver a ganar, el peronismo siempre recurrió a él
Julio César Alak es uno de los dirigentes políticos más interesantes de la Argentina moderna. Gobernó la capital de la principal provincia del país, donde vive el 39% de sus habitantes, durante cinco mandatos. Fue ministro de Justicia de la Nación por 6 años y de PBA otros 4. Condujo brillantemente la nacionalización de Aerolíneas Argentinas y lleva 40 años como profesor universitario en la carrera de Derecho de la UNLP.
A principios de este año 2026, una enorme cantidad de intendentes, senadores, diputados, concejales, referentes gremiales y militantes rasos del peronismo bonaerense comenzaron a verlo como la mejor opción posible para reemplazar al actual gobernador bonaerense, Axel Kicillof. "El Turco", como lo llaman sus pares, les garantizaría una gestión seria, prolija, dialoguista y bien perosnista. Ellos lo saben y lo necesitan.
Por otra parte, hace varios lustros que el peronismo bonaerense viene pidiendo un gobernador N&C (nacido y criado) en PBA. Pero no solamente por cumplir con las reglas constitucionales, sino muy especialmente porque necesitan que conozca los 135 distritos de verdad. Que sepa lo que ocurre en cada uno de ellos. Que conozca las referencias centrales de cada una de las ocho secciones electorales.
Alak reune todas esas capacidades sin duda. Y muchas otras que el oportunismo político del peronismo de las últimas décadas ha dejado de lado para sumirse en candidatos marketineros pero sin la más mínima preparación para el cargo más importante del país después del de Presidente. Alak conoce milimétricamente la provincia, pero además es un dirigente altamente dotado en materias clave para lo que viene.
Desde Eduardo Duhalde (1991-1999) hasta estos días, los gobernadores de PBA han sido referentes portadores del catastrófico virus de unitarismo porteño.
Carlos Ruckauf (1999-2001), Felipe Solá (2001-2007), Daniel Scioli (2007-2015), María Eugenia Vidal (2015-2019) y Axel Kicillof (2019-2027), han gobernado la provincia pobre de 17.569.053 habitantes como si estuvieran en la CABA rica de 3.120.612 habitantes.
Ser un experto en materia municipal no espoca cosa para conducir la PBA que se proyecta para los próximos años: un Poder Ejecutivo provincial dinámico, abierto y resolutivo. Tampoco deja de ser importatísimo que Julio Alak sea un hombre de diálogo y un experto en materia judicial y legislativa, las otras dos grandes patas sobre las que se asienta el poder bonaerense.
Hay una imagen que ayuda a entender buena parte de la trayectoria posterior de Julio César Alak: un joven del interior bonaerense que llega a La Plata para estudiar Derecho y que, para poder hacerlo, trabaja como periodista.
Nació el 9 de enero de 1958 en Benito Juárez, una ciudad del centro-sur de la provincia de Buenos Aires. Cursó allí sus estudios primarios y secundarios y terminó el bachillerato en 1975. Un año después llegó a La Plata, con 18 años, para estudiar abogacía. La capital bonaerense terminó convirtiéndose en su ciudad política.
La historia familiar también ayuda a explicar ese recorrido. Su padre, Salvador Alak, era un inmigrante sirio que había llegado a la Argentina y se convirtió en comerciante en Benito Juárez. Su madre, Lidia Asfora, quedó viuda muy joven y tuvo que criar a cuatro hijos: Cecilia, Delia, Salvador y Julio. La universidad fue presentada en aquella casa como la herramienta para salir adelante.
Alak comenzó a trabajar siendo muy joven. Fue cadete de imprenta y periodista en Benito Juárez, escribió en medios locales y, ya instalado en La Plata, trabajó en El Día para solventar sus estudios. También tuvo una experiencia en Télam. Antes de construir poder político, tuvo que construirse una vida profesional.
Su formación no se limitó al Derecho. Fue procurador y posteriormente abogado, desarrolló actividad docente y pasó por la Universidad Católica de La Plata y por la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la UNLP. El Derecho, el periodismo y la política terminaron formando una misma matriz.
En 1982, todavía en tiempos de la dictadura, comenzó a vincularse con la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos de La Plata y, según distintas reconstrucciones biográficas, participó en el acompañamiento jurídico a familiares de detenidos-desaparecidos. Ese capítulo precede al dirigente que después ocuparía cargos centrales dentro del peronismo.
La política platense encontró a Julio Alak en los años de la renovación peronista. En la Universidad comenzó su militancia y se vinculó con sectores que tenían entre sus referencias a Antonio Cafiero.
Después llegaron los primeros cargos ejecutivos. Entre 1984 y 1985 fue secretario de Gobierno en Florencio Varela y luego asesor jurídico de la Presidencia del Senado bonaerense. La política dejó de ser solo militancia y empezó a transformarse también en oficio.
Su construcción platense tuvo un componente territorial que sería decisivo. Junto con dirigentes como Alberto Delgado, Tomy Díaz, Claudio Gallo, Pedro López, Ricardo Pignanelli, Raúl Perez, Hugo Bascope, Juan Amondarain, Raúl Molina y Antonio Lomuto, participó de la construcción del Frente de Renovación y Unidad Peronista (FRUP), su gran base de lanzamiento con sede en Avenida 7 entre 57 y 58, desde donde fue consolidando presencia en barrios y estructuras partidarias.

Julio Alak llegó a la conducción del justicialismo de La Plata en 1988 siendo todavía muy joven (30 años) y desde allí se proyectó hacia la intendencia. La llave del municipio comenzó a construirse antes de tener el despacho.
Fue, además, un período de fuerte articulación con el cafierismo. En esos años ocupó funciones vinculadas con Cultura en el gobierno bonaerense y comenzó a tejer relaciones que luego serían determinantes en su carrera. La Plata ya no era solamente el lugar donde estudiaba: era el territorio que quería gobernar.
La elección del domingo 8 de septiembre de 1991 fue el primer gran terremoto electoral de la carrera de Alak. El peronismo llegaba a una ciudad que había estado bajo predominio radical desde la recuperación democrática. El candidato era un abogado de apenas 33 años que enfrentaba al radical Osvaldo Francisco Pozzio. La diferencia fue numéricamente estrecha, pero políticamente gigantesca.
Alak obtuvo 93.577 votos, el 33,73%, mientras Pozzio alcanzó 80.795, el 29,12%. La distancia fue de 12.782 votos y 4,61 puntos porcentuales.
El tercer lugar correspondió a Abel Blas Román, del Frente Independiente, con 40.226 votos. Más atrás aparecieron el Movimiento por la Dignidad y la Independencia, la UCeDé, Unidad Socialista-Democracia Popular y otras fuerzas. El peronismo había vuelto a gobernar la capital bonaerense después de 18 años. Desde entonces, para volver a ganar, el peronismo siempre recurrió a Julio Alak.
La Junta Electoral certificó además que el FREJUFE consiguió seis de las doce bancas de concejales, frente a cuatro de la UCR y dos del Frente Independiente. No fue solamente una victoria de Alak: fue la reconstrucción de una mayoría política.

Alak asumió el martes 10 de diciembre de 1991. Tenía apenas 32 años. El joven que había llegado desde Benito Juárez terminó sentado en el principal despacho de la ciudad donde había venido a estudiar.
Cuatro años después, el triunfo dejó de ser una sorpresa. El domingo 14 de mayo de 1995, Alak volvió a presentarse por el Frente Justicialista Federal y consiguió 139.776 votos, el 47,93% de los sufragios válidos. El primer mandato había convertido una hazaña en una estructura electoral.
El radical Luis Folino quedó segundo con 72.796 votos y 24,96%, mientras el FrePaSo obtuvo 59.504 votos, 20,41%. El resto de las fuerzas quedó muy lejos. La diferencia con el radicalismo ya no era de una elección cerrada: superaba los 66.000 votos.
La Junta Electoral consigna que el FREJUFE consiguió siete de las doce bancas de concejales, frente a tres de la UCR y tres del FrePaSo. Alak había pasado de conquistar el municipio a controlar una mayoría legislativa sólida.
La elección del domingo 24 de octubre de 1999 tuvo una particularidad que suele perderse cuando se mira solamente el porcentaje de una boleta.
Alak fue por su reelección dentro de la Concertación Justicialista para el Cambio, que obtuvo 122.760 votos, equivalentes al 38,80%. Pero además recibió votos a través de boletas aliadas de la UCeDé y Acción por la República: 24.423 y 20.246 votos respectivamente. El armado electoral multiplicó las ventanillas por las que podía entrar el mismo candidato.
La suma de esas tres expresiones alcanzó 167.429 votos, cerca del 53% de los votos válidos. En segundo lugar quedó el radical Héctor Javier Quinterno (UCR), con 135.305 votos y 42,76%. La elección fue más competitiva que la de 1995, pero Alak volvió a ganar.
El dato político era contundente: mientras el sistema de alianzas permitía fragmentar el voto opositor, el alakismo lograba conservar una estructura suficientemente amplia para sostener el poder municipal. El intendente ya no era una figura circunstancial: era el eje del peronismo platense.
El domingo 14 de septiembre de 2003 llegó una elección diferente. Esta vez el principal adversario de Alak no era radical. Era Pablo Bruera, un dirigente que había surgido políticamente dentro del propio universo alakista y que se presentó por el Frente Renovador Platense.
Alak consiguió 89.378 votos, el 32,25%, mientras Bruera alcanzó 59.408 votos, el 21,43%. La ruptura del peronismo no alcanzó para desplazar al intendente. En tercer lugar quedó la lista vinculada a ARI, con 26.399 votos y 9,52%, seguida por la UCR, con 22.413 y 8,09%. Alak ganó por 29.970 votos y obtuvo su cuarto mandato consecutivo.
La elección también mostró algo que luego sería decisivo: Bruera ya tenía una estructura propia. La sucesión del alakismo comenzaba a incubarse dentro del mismo peronismo.
Entre diciembre de 1991 y diciembre de 2007, Alak gobernó La Plata durante cuatro mandatos consecutivos. Fueron años de transformaciones profundas de la ciudad. Estudios académicos sobre la evolución urbana platense destacan que durante ese período se fortalecieron las áreas municipales de planificación y ordenamiento territorial, con una apuesta explícita por utilizar la planificación como herramienta de gestión.
La obra pública y la planificación pasaron a ocupar un lugar central en la identidad de aquella administración. En esos años se desarrollaron obras y proyectos que terminaron incorporándose al paisaje de la ciudad y su región: la Autopista Buenos Aires-La Plata, el Estadio Ciudad de La Plata, intervenciones viales y obras de infraestructura. La ciudad que Alak recibió en 1991 no era exactamente la misma que dejó en 2007.
El Estadio Ciudad de La Plata fue uno de los proyectos emblemáticos. La piedra fundacional se colocó en 1998 con Julio Alak y Eduardo Duhalde, y el estadio fue finalmente inaugurado el sábado 7 de junio de 2003. Fue una obra largamente discutida que atravesó varias gestiones y gobiernos, pero cuya concreción quedó asociada a aquella etapa.
También hubo conflictos. Uno de los más importantes fue el enfrentamiento con Estudiantes de La Plata por la remodelación de su estadio de 57 y 1 y la utilización de tierras del Bosque. El conflicto derivó en litigios y recién después de la salida de Alak se alcanzó un acuerdo definitivo. La historia del alakismo también incluye disputas fuertes, y negarlas sería quitarle espesor a la propia historia.
Eso forma parte de una característica central de su trayectoria: Alak construyó poder, dejó obras y acumuló adversarios. Los 16 años fueron suficientemente largos como para producir una obra política reconocible y también un desgaste inevitable.
La elección del domingo 28 de octubre de 2007 fue el primer gran quiebre de la carrera municipal de Alak. El ganador fue Pablo Bruera, candidato del Partido Progreso Social y referente del Frente Renovador Platense, con 82.711 votos, el 25,75%. Alak obtuvo 67.484 votos, el 21,01%.
La diferencia fue de 15.227 sufragios y 4,74 puntos. El tercer lugar correspondió a Oscar Negrelli, de la Coalición Cívica, con 50.039 votos y 15,58%. La ciudad cerraba una etapa de 16 años y abría otra mucho más opaca y dolorosa.
La derrota tuvo un componente especialmente simbólico: Bruera había formado parte del espacio político que Alak había conducido. Estudios sobre la política platense describen la ruptura como uno de los puntos centrales para entender el final del ciclo alakista y el ascenso del bruerismo. El hombre que había ayudado a construir una conducción terminó derrotándola.
Alak tenía entonces 49 años. Y ahí aparece uno de los rasgos más particulares de su carrera: perdió la intendencia, pero no abandonó la política. El capítulo municipal terminó, pero la carrera nacional apenas estaba comenzando.
Después de abandonar la intendencia, Alak fue convocado por el gobierno nacional. En 2008 fue designado representante del Estado en el directorio de Aerolíneas Argentinas y posteriormente gerente general durante el proceso de recuperación estatal de la compañía. El salto fue desde una capital provincial hacia una empresa estratégica para todo el país.
Su llegada se produjo durante el proceso de salida del Grupo Marsans y la transferencia de la compañía al Estado argentino. En julio de 2008 asumió formalmente como gerente general durante la transición. Su experiencia política municipal fue trasladada a una estructura empresarial atravesada por una enorme disputa económica y política. La etapa fue breve. En julio de 2009 dejó Aerolíneas para asumir un cargo todavía más importante.
El miércoles 8 de julio de 2009, la entonces presidenta Cristina Fernández de Kirchner designó a Julio Alak como ministro de Justicia y Derechos Humanos de la Nación. Permaneció en el cargo hasta diciembre de 2015. Fue el período institucional más prolongado de su carrera fuera de la intendencia.
Durante esa etapa tuvo participación en distintas reformas jurídicas y en la elaboración del Digesto Jurídico Argentino, presentado como un proceso de ordenamiento y depuración normativa. El abogado que había llegado a La Plata desde Benito Juárez terminó administrando una cartera jurídica de alcance nacional.
Su relación con el kirchnerismo fue estrecha, aunque Alak había construido su carrera mucho antes de la llegada de Néstor Kirchner a la Casa Rosada. Había atravesado el cafierismo, el menemismo, el duhaldismo y finalmente el kirchnerismo.
Su principal característica política fue una notable capacidad de adaptación sin abandonar el peronismo como identidad central. En diciembre de 2015, luego de seis años en elk cargo y con la llegada de Mauricio Macri al poder nacional, Alak dejó el Ministerio con el cambio de gobierno y fue reemplazado por Germán Garavano.
Cuatro años después, el peronismo volvió al gobierno bonaerense de la mano de Axel Kicillof. Alak