El Nuevo Francisco Urbano se abrió un jueves por la mañana para despedir a uno de los suyos, pero no para un partido. El cortejo fúnebre de Máximo Zurita, el histórico hincha del Deportivo Morón conocido por todos como el “Gordo Cadena”, pasó por el estadio antes de partir hacia el Cementerio de Morón. Y hubo un gesto que resumió todo: su cajón fue pintado de rojo y blanco, los colores del Gallito.
"Último adiós al Gordo Cadena" Porque el cortejo fúnebre de Máximo Zurita, histórico hincha de Deportivo Morón, pasó por el estadio Nuevo Francisco Urbano para despedirlo. Su cajón fue pintado de rojo y blanco, en una emotiva muestra de amor por el Gallito. ?? @primerplanotv https://t.co/fAwHiJ1bwX
— Porque Tendencia Ascenso (@Porquettargasce) October 23, 2026
El cortejo partió de la cocher? Pache y se dirigió directamente a la cancha, acompañado por una gran cantidad de personas. Ya en el estadio, los propios integrantes de la barra del Gallo, Los Borrachos de Morón, trasladaron el féretro hasta las escalinatas de la tribuna popular: el mismo lugar donde Zurita fue dueño y señor del paravalanchas durante las décadas del 80 y del 90.
Además de familiares, allegados y directivos del club, se vieron hinchas de la vieja guardia de las barras de All Boys y de Tigre, con quienes Zurita había construido un vínculo que exced? las canchas. Fue emotivo y ruidoso, como a él le hubiera gustado, coincidieron los organizadores. Hubo un minuto de silencio acompañado desde el campo de juego por el entrenador Walter Otta, su cuerpo técnico y los futbolistas: el DT también había ido antes a la casa velatoria a darle el último adiós.
Máximo Manuel Zurita murió el martes a los 58 años, a causa de un paro cardíaco fulminante ocurrido en una casa de la calle Solari al 2300, en Morón sur. En los últimos años vivía en Mar de Ajó. Pero su historia con el club era mucho más larga: en los 80 y 90 fue una de las caras más reconocibles del ascenso, un personaje emblemático de esa época en la que el paravalanchas del viejo Francisco Urbano era su territorio.
Con el paso del tiempo, Zurita se reconvirtió: dejó la primera línea, empezó a ir a la cancha en la platea y en familia, y se transformó en una figura querida por propios y ajenos. “Cuando se escriba el libro de los 100 años del club se va a hablar de Cadena como un símbolo”, resumió su amigo Luis “Cacha” Gambino.
Gambino, otro de los hinchas caracterizados del Gallo, habló con la voz quebrada: “Son momentos en los que te das cuenta de que el dolor no tiene techo. Es la vida, pero cuesta mucho aceptarlo”. Y lo recordó así: “Maxi era un tipo de la hostia, muy solidario. Por eso era tan querido y valorado. Recién me abrazó una chica y me dijo: ‘desde que murió mi papá él era mi viejo, me cuidaba más que mi papá’. Nunca dejó a nadie tirado”.
“Su valentía la conocemos todos y fue reconocida en todas las tribunas”, agregó, y recordó también a ‘Yeso’ Álvarez, otro histórico del Gallo que murió el año pasado. “Tuve la suerte de ser su amigo. Me quedo con eso”, cerró.
La despedida tuvo algo poco común en el fútbol argentino: el reconocimiento de otras hinchadas. Además de los simpatizantes de Tigre y All Boys que fueron al estadio, algunos se acercaron personalmente al velorio, como integrantes de Los Borrachos del Tablón, la barra de River. En las redes se multiplicaron los mensajes de hinchas de Chicago, Chacarita, Almirante Brown y Laferrere, entre varios clubes más, con un denominador común: el respeto, más allá de cualquier rivalidad.
El club también lo despidió en sus redes: “Alguien que supo llevar siempre en el corazón el sentimiento por Morón y que se ganó el respeto y el cariño de nuestros hinchas y de los de todos los clubes. Te vamos a extrañar muchísimo”.
Hay hinchas que van a la cancha toda la vida y hay otros que, además, se vuelven parte de la identidad del club. Zurita fue de los segundos. En el ascenso, donde las tribunas se conocen de memoria y los personajes se transmiten de generación en generación, el Gordo Cadena era una referencia obligada: una figura que atravesó décadas, que supo estar en el centro de la escena y que después eligió el costado más tranquilo de la platea sin perder nunca el cariño de la gente.
El cajón pintado de rojo y blanco, las escalinatas del Urbano y las hinchadas rivales diciendo presente son, quizás, la mejor definición de lo que fue: un tipo que se ganó un lugar en la memoria del fútbol de ascenso. Como dijo su amigo, el día que se cuente la historia del club, su nombre va a estar ahí.