Mientras el oficialismo y la oposición discuten candidaturas, internas y posicionamientos para 2027, miles de platenses tienen un problema mucho más urgente: conseguir GNC para trabajar, moverse o simplemente llegar a fin de mes.
La situación se agravó durante los últimos días. Cada vez son más las estaciones de servicio de La Plata, Berisso y Ensenada que suspenden o restringen la venta de GNC por decisión de Camuzzi, en medio de la ola polar y el aumento de la demanda domiciliaria. Algunas permanecen cerradas durante horas, otras funcionan con cupos limitados y en las pocas que siguen operando se observan largas filas de vehículos que buscan cargar combustible.
La explicación técnica existe: Camuzzi decidió restringir el suministro a estaciones con contratos interrumpibles para priorizar el abastecimiento residencial. Pero la pregunta política sigue sin respuesta: ¿quién está defendiendo a los usuarios afectados?
Taxistas, remiseros, trabajadores de aplicaciones, fleteros y miles de vecinos que eligieron el GNC para reducir costos hoy están atrapados entre colas interminables, surtidores cerrados y una incertidumbre que no tiene fecha de finalización. Incluso algunos medios locales ya advirtieron que la normalización del servicio sigue sin horizonte claro.
Lo llamativo es el silencio político. No hay comunicados, pedidos de informes ni gestiones públicas visibles de dirigentes locales de peso para exigir explicaciones o una solución a corto plazo.
En el pasado hubo antecedentes. El diputado provincial Ariel Archanco fue uno de los pocos dirigentes que enfrentó públicamente a Camuzzi cuando reclamó la reapertura de la oficina comercial de la empresa en La Plata y posteriormente impulsó acciones judiciales para recuperar la atención presencial a los usuarios.
También hubo propuestas vinculadas al sector del transporte para priorizar la carga de taxistas y remiseros cuando se producen restricciones. El ex concejal Cristian Vander había logrado esa solución el año pasado. Sin embargo, frente a la crisis actual, el escenario aparece desierto.
El problema además expone una contradicción difícil de explicar para los usuarios. Mientras Camuzzi aplica aumentos en las tarifas del servicio, miles de platenses observan cómo la empresa restringe el acceso al combustible que utilizan diariamente para trabajar.
La Plata necesita menos discusiones electorales, más legislación y más gestión. Oficialismo y oposición deberían encontrar un punto de acuerdo para exigir respuestas concretas a Camuzzi y a los organismos competentes. Porque detrás de cada surtidor apagado no hay una estadística: hay trabajadores perdiendo ingresos, familias haciendo cuentas y una ciudad que vuelve a quedar rehén de un problema que nadie parece dispuesto a encarar.
La falta de GNC en distintas estaciones de servicio de La Plata comenzó a generar un efecto secundario que preocupa tanto a conductores como a vecinos: largas filas, desorden en el tránsito y un incremento de situaciones de inseguridad en los alrededores de las bocas de expendio.
En las últimas jornadas, varias estaciones de la región redujeron o interrumpieron la venta de gas natural comprimido, lo que obligó a los automovilistas —en especial taxistas y conductores de aplicaciones— a esperar durante horas para poder cargar combustible.
Las demoras provocaron la formación de colas extensas que, en muchos casos, ocupan carriles completos de zonas de alto tránsito como la en los alrededores de 137 y 38 donde está la YPF que vende gas y también el cruce de 44 y 143 donde se encuentra la shell que no interrumpe del todo su venta, y allí la circulación se vuelve lenta y caótica en distintos momentos del día.
El problema no se limita a la espera. En algunos puntos, los conductores denuncian que las largas permanencias en la vía pública y la baja iluminación durante la noche generan un contexto propicio para robos y arrebatos, especialmente sobre quienes permanecen dentro o cerca de los vehículos durante la espera.
Camuzzi volvió a restringir el acceso al gas en estaciones de GNC y hay demoras
Vecinos y comerciantes de las zonas afectadas advierten que la situación se repite de manera diaria y que las filas avanzan incluso sobre paradas de colectivos y accesos a barrios y negocios, lo que complica aún más la movilidad urbana.
A esto se suma la tensión entre automovilistas que intentan acceder a las estaciones y aquellos que buscan circular por avenidas ya saturadas, lo que deriva en discusiones y maniobras riesgosas en esquinas de alta concentración de tránsito.
En paralelo, trabajadores del volante señalan que la escasez de GNC impacta directamente en su actividad diaria, ya que deben recorrer varios puntos de la ciudad para encontrar estaciones operativas, perdiendo horas de trabajo.
La combinación de abastecimiento irregular, colas prolongadas y calles congestionadas terminó generando un escenario complejo que se extiende en distintos barrios de la ciudad de La Plata.
Mientras no se normalice el suministro, la preocupación crece entre usuarios y residentes, que advierten que la situación ya no solo es económica o logística, sino también un problema de seguridad y orden urbano.
Y cuando la política no habla de los problemas reales, el silencio también se transforma en parte del problema.