La situación ambiental en la costa de la región ha cruzado una línea roja. Un exhaustivo informe técnico elaborado por investigadores del Conicet puso al descubierto el colapso del sistema cloacal que sirve a La Plata, Berisso y Ensenada. Lo que los científicos describen es una crisis estructural: el vertido incesante de efluentes humanos sin tratamiento adecuado directamente sobre las aguas del Río de la Plata, transformando las zonas recreativas en focos de alta peligrosidad sanitaria.
El epicentro del conflicto se encuentra en la planta de pretratamiento que la empresa ABSA opera en Berisso. Según los datos del relevamiento, el sistema está totalmente desbordado: de los 13.000 metros cúbicos de líquidos que ingresan por hora, apenas 5.000 reciben un proceso primario. Los 8.000 restantes —un volumen equivalente a varias piletas olímpicas por hora— se descargan de forma cruda al ambiente.
La investigación, liderada por especialistas como Gerardo Leotta, advierte que el peligro no solo flota en el agua, sino que habita en la arena. Las mediciones biológicas son lapidarias. Mientras que la normativa exige no superar las 2.000 bacterias coliformes fecales por cada 100 mililitros, en la zona de descarga de Berisso se hallaron promedios de 7.100.000.
Esta contaminación masiva incluye un "cóctel" de patógenos de alto riesgo para la población, entre los que se destacan:
Salmonella y Shigella (causantes de graves cuadros gastrointestinales).
Cepas de Escherichia coli.
Parásitos como Giardia y Cryptosporidium.
Norovirus y bacterias resistentes a antibióticos.

El informe detalla que la arena actúa como un reservorio donde estos microorganismos sobreviven y se multiplican. Los balnearios más próximos al punto de vertido, como Bagliardi y Palo Blanco, presentan las condiciones más críticas. Si bien en La Balandra los niveles son comparativamente menores, ninguna de las playas analizadas fue calificada como aceptable para el uso recreativo por los expertos del Conicet.
A este panorama se suma la proliferación de cianobacterias tóxicas, alimentadas por el exceso de nutrientes (fósforo y nitratos) provenientes de la materia orgánica sin tratar. Este fenómeno no solo afecta la estética del paisaje, sino que puede provocar daños en la piel y el sistema nervioso de quienes entran en contacto con el agua.
Desde organizaciones como Nuevo Ambiente, el reclamo por inversiones estructurales lleva años sin obtener una respuesta satisfactoria. Los ambientalistas denuncian que, pese a los fallos judiciales que ordenan medidas de reparación, el crecimiento poblacional de La Plata, Berisso y Ensenada ha superado por completo una infraestructura que data, en sus bases, de principios del siglo pasado.
Como medida de corto plazo, los investigadores recomiendan restringir de inmediato el acceso a las áreas más contaminadas. Sin embargo, la solución definitiva que plantea el Conicet es ambiciosa y requiere voluntad política: la construcción de una planta con tratamiento secundario que procese la totalidad de los residuos de la región antes de que toquen el Río de la Plata. Mientras tanto, la "bomba sanitaria" sigue activa bajo los pies de los veraneantes.